En la escuelaLa imágen habla por sí misma, el paso por la escuela, estaba condicionado a entregar resultados favorables. A medida que avanzaba en los niveles de formación, habían malestares al sentirme “evaluada”; la presión del tiempo, mi descuidada memoria, tensiones en la relación con algunos docentes y en general desmotivación cuando se trataba de exámenes, revelando de una manera alarmante, que lo importante es aprobar y no aprender.
Pensaba que ello cambiaria cuando estudiara para ser docente, pero la realidad es otra, aunque en la Universidad un sin número de experiencias impregnaban en mi vida profesional como personal.
En la Universidad
Durante el periodo de articulación de proyectos iniciales en la Universidad, nos presentaban una lista de colegios con “mortalidad académica en química” los cuales pedían que se llevaran estudiantes en formación a fin de elevar el rendimiento en el área, me correspondió un colegio en un sector deprimido de la ciudad, en esta nueva experiencia, me encontré con diferentes situaciones que sin lugar a duda marcaron en mi vida como docente en formación, inicialmente asumía la labor de acompañamiento en sus inquietudes y aportaciones, dado que no correspondía a la imagen de “autoridad” dentro del aula, los jóvenes eran mucho más abiertos en el trato y en confiarme sus cosas.
Así fui conociendo realidades desconocidas para la docente encargada; una estudiante que trabajaba como prostituta, otra a quien se le dificultaba atender a las tareas asignadas por que a su corta edad de 17 años, sus dos hijos le impedían dedicarle el tiempo requerido a las tareas, problemas de violencia entre estudiantes por la presencia de pandillas, violencia intrafamiliar, entre otras situaciones. Escenarios que me llevaban a cuestionar la verdadera pertinencia del proyecto y sus objetivos, ¿Qué pretendía yo que aprendieran? ¿Realmente era útil? ¿Podría motivarlos, sólo apelando a la enseñanza de la química?
Aunque en un principio el embargo el propósito era otro, a través del proyecto que proponía “Aprender Química en la cocina” los índices de mortalidad académica en química debían ser prácticamente nulos, el hecho era que sentía estar en el lugar equivocado, porque de la muestra de 45 alumnos, algunos pocos podían comer al menos dos veces al día.
Entrando al contexto de lo que sería el proyecto, surgían las dudas de si probarían algo de lo que hiciésemos en clase, si bien me esforzaba por motivar a la clase en el desarrollo del proyecto, en la Universidad la presión era clara, semanalmente se entregaban diarios de campo con registro fotográfico, evaluaciones y resultados de lo aplicado, en realidad me sentía perdida, era difícil abordar un grupo con problemáticas tan duras y complicadas. Aunque en un principio registré en el diario de campo las situaciones que vivían gran parte de los alumnos, el docente encargado de la revisión de proyectos no consideró pertinentes esta clase de “detalles”, sino que debía profundizarse en el campo disciplinar. Así esta situación comencé por aplicar un test de ideas alternativas sobre soluciones químicas lo que evidenció un grupo muy variado, al estar conformado por “repitentes” en su mayoría, trataba entonces poner a un solo ritmo el grupo, cosa difícil para mí.
PATOLOGÍA DE LA EVALUACIÓN INSTITUCIONAL
Durante el recorrido experiencial se evidencian contextos complejos, viene a la memoria una patología claramente dicha por (Santos Guerra, 1988) sobre la evaluación educativa, haciendo patentes los problemas de las limitaciones, las desviaciones y las manipulaciones de las que puede ser objeto la evaluación, puede apreciarse en el siguiente video:
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